EL HUÁSCAR
Sin duda la principal nave del Perú era el Huáscar, blindado de mar con espolón modelo Ericsson. Su construcción se inició a fines de 1864 en Liverpool. El blindado era tan maniobrable que podía dar un giro de 180 grados en apenas dos minutos. Para los estándares de esos tiempos, el Huáscar era una nave de guerra formidable, adquirida a un precio bastante razonable.
Pero sobre la capacidad bélica del blindado, su comandante formuló al gabinete del presidente Prado la siguiente advertencia: "Señores, es preciso que no nos formemos ilusiones; el Huáscar es sin duda un buque muy fuerte, pero nunca podrá contrarrestar el poder de uno sólo de los blindados chilenos, pues estos tienen una coraza uniforme de nueve pulgadas y seis cañones de igual calibre que los del Huáscar (...) A pesar de todo el Huáscar cumplirá con su deber, aún cuando tenga la seguridad de su sacrificio".
IQUIQUE
El 25 de abril de 1879, veinte dias después de declarada la guerra, el Huáscar se hizo a la mar con una tripulación de 200 hombres. El blindado tuvo su primer enfrentamiento y durante los primeros treinta minutos se enfrentó solo contra los dos buques de guerra enemigos.
La Esmeralda estaba dirigida por el valiente capitán de fragata Arturo Prat y disponía de una tripulación de 200 hombres, número similar a la dotación del Huáscar. El combate entre ambas naves se prolongaría por más de tres horas.
El Huáscar limitaba el uso de su artillería por temor a que los proyectiles alcanzaran a la población de Iquique. Grau decidió terminar el encuentro recurriendo al espolón, pero los dos primeros intentos fueron vanos. El primero de ellos impactó a babor y el segundo en el estribor de la nave adversaria, la que pese al castigo recibido no se rindió.
En esos momentos, el aguerrido capitán Prat intentó abordar el Huáscar y acompañado sólo de un sargento, se arrojó sobre el blindado, ultimó a un oficial de señales y fue muerto sobre la cubierta cuando intentaba avanzar hacia el torreón de mando.
Un segundo intento de abordaje por doce tripulantes resultó también infructuoso. Sólo recién al tercer impacto con espolón la Esmeralda se partió y se hundió con el mástil al tope. El dramático combate concluyó a las 12:10 de la tarde. En total el Huáscar disparó cuarenta cañonazos.
Los chilenos acusaron 135 muertos. Los peruanos perdieron un oficial y siete marineros resultaron heridos. De inmediato Grau, antes de avanzar hacia la otra nave chilena, la Covadonga, dispuso el salvataje de los 62 valientes sobrevivientes chilenos, cuyo último comandante, el teniente Uríbe, agradeció el humanitario gesto del Almirante. La posterior correspondencia entre Grau y la viuda de Prat fue un ejemplo de profundad hermandad latinoamericana, a pesar de la crueldad de esa guerra.